¡Hola! Como ya sabéis, este fin de semana ha sido Halloween. Por eso, aquí os dejo mi historia de terror:
Cristina llegó al oscuro cementerio. Grandes cipreses se agitaban fuertemente por el viento. Una niebla tenebrosa la rodeaba.
-Mejor
me vuelvo a casa. Ya es tarde y no hay nadie más aquí- pensó la niña.
Era de noche y hacía frío, pero no se podía ir, tenía que llevarle un
ramo de flores a su difunto abuelo. Dio un paso y notó como un
escalofrío le recorría todo el cuerpo. Se detuvo. Volvió a pensar en
irse a su casa pero, se armó de valor y continuó andando. Ella era un
mota de polvo comparada con la inmensa oscuridad. Sus pasos se oían por
todo el cementerio. Miraba a su alrededor con temor cuando, por fin
localizó la tumba de su abuelo y caminó hacia ella lentamente. Dejó el
ramo de flores y se dispuso a volver a casa. Retrocedió sobre sus pasos
sin perder de vista las flores. De repente una mano grande y áspera
tocó el hombro de Cristina. La niña gritó fuertemente conteniendo las
lágrimas y una voz grave le preguntó:
-¿Qué haces aquí?
La niña se giró y vio que aquella voz pertenecía a un hombre.
-¿Quién eres tu?
-Soy Adolfo Pérez, el vigilante del cementerio.
-Yo solo he venido a traerle unas flores a mi abuelo.
-Está bien, pero vete antes de media noche o te quedaras aquí atrapada para siempre como me pasó a mi.
En ese momento la niña echó a correr asustada para salir de aquel siniestro lugar y vio una tumba con el nombre de Adolfo Pérez. Con mucho más miedo que antes corrió hacia su casa. Estaba saliendo del cementerio cuando escuchó unas voces que decían:
-¡Feliz Halloween Cristina!
Eran sus amigos. Todo había sido una broma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario