lunes, 15 de febrero de 2016

¡Hola!
La actividad de esta semana era inventarse una historia o un diálogo de amor para nuestro protagonista, con motivo del día de San Valentín. Mi protagonista se llama Ekaitz, del libro "Brújulas que buscan sonrisas perdidas". 



El protagonista es el segundo de cuatro hermanos y su vida no ha sido muy buena que digamos. Su madre murió cuando ellos eran muy pequeños tras enfermar y vivir duros años de continuos mareos, desmayos y pérdidas de consciencia.
Su mujer y uno de sus hermanos también murió, dejando a su cuñada viuda.
Además, Ekaitz su padre(quien estaba enfermo de Cáncer y Alzheimer) nunca se preocupó ni por el ni por ninguno de sus hermanos, por lo que decidió no volver a verlo nunca más.


Seis meses después de su muerte se enteró de esta tragedia . Le dolió, pero se acordó de su infancia y dejó ese dolor a un lado.


Ya sólo le quedaban sus dos hijas, su cuñada y sus dos hermanos e iba intentar rehacer su vida.


Ekaitz se dirigió como cada día a casa de su cuñada Aina, ya que sus hijas gemelas se quedaban allí por las tardes porque su padre trabajaba. Aina perdió a su marido igual que Ekaitz perdió a su mujer. Aina era una chica encantadora. Era sensible, cariñosa, inteligente, fiel, trabajadora... ¡A Ekaitz le encantaba estar con ella! De hecho sentía algo por aquella mujer y ella por él, pero nunca lo habian hablado.

Llegó a la casa, saludó a todas y les comunicó una buena noticia- ¡Nos vamos de vacaciones a París!-

Las pequeñas y Aina gritaron de la emoción y se pusieron a preparar las maletas.

Cuando llegó el gran día fueron al aeropuerto y cogieron el avión 441 D. Tardaron 2 horas en llegar a su destino y una vez allí se instalaron en el hotel. Durante todo el fin de semana estuvieron visitando el Louvre, el arco del triunfo, la capilla del sagrado corazón, los jardines de Versalles y mil cosas más. 

Más tarde fueron a un restaurante. Había 15 mesas colocadas en forma de rectángulo con manteles negros. Además los platos, los vasos, los cubiertos y las servilletas eran blancas. La comida estaba muy rica y no era cara.

Habían dejado lo mejor para el final. Ekaitz llevaba todo el tiempo tras la muerte de su mujer pensando en lo que sentía por Aina. El quería pasar el resto de su vida formando una nueva familia con ella y con sus hijas, por eso, cuando estaban contemplando las vistas de París desde la Torre Eiffel, Ekatiz se armó de valor y dijo:

- Aina, tal vez tu no te hayas dado cuenta pero, me has ayudado mucho a salir de todo ese sufrimiento cuando yo estaba deprimido. Gracias por ser tan especial para mi y para mis hijas. Por ser como eres y porque quiero pasar el resto de mi vida a tu lado, Aina, te quiero, ¿Quieres casarte conmigo?

La chica y las pequeñas se quedaron asombradas. En ese momento Aina empezó a llorar sin poder contener las lágrimas, y finalmente dijo:


- ¡Sí! Oh Ekaitz te quiero con locura a tí y a las gemelas. Que lo que vivamos juntos sea inolvidable. Te quiero.


Tres meses después se casaron y ahora esta familia vive felíz y unida.

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